Y tú, ¿sabes dónde escondes tu niño interior?

Nuestro niño interior sigue estando muy presente en nosotros. Y es que, a medida que crecemos, no cambiamos tanto como creemos, sino que vamos colocando capa tras capa emociones adultas sobre ese niño interior.  El niño no llega a desaparecer, pero se diluye y se instaura en estado de latencia, a la espera de que algunos comportamientos, emociones o actitudes, lo despierten.

Todo lo que está relacionado con nuestro aspecto infantil, todo lo que hemos aprendido cuando éramos niños, las frases o experiencias que nos han impactado más, los recuerdos buenos o malos, los juegos… todo sigue almacenado dentro de nosotros y puede llegar a relucir en cualquier momento, aunque ni el entorno ni sus protagonistas sean los mismos después de tanto tiempo. Solo hace falta un detonante que nos haga sentir de la misma forma a como nos sentíamos cuando éramos niños.

Todo cobró sentido  en un taller de coches


La semana pasada, mientras esperaba a que me repararan el coche en el taller, observaba a dos niños como ojeaban un catálogo de juguetes. Y fue en ese preciso momento cuando me encontré de frente con la realidad del concepto del marketing (¡ 20 años trabajando en ello y son dos niños quienes, sin saberlo, me han abierto los ojos ¡).

Los niños piden abiertamente que les den lo que quieren: “Quiero eso” o “No quiero eso”. Simple. Los adultos nos movemos en complicadas decisiones ante un simple deseo de “querer algo”: quiero chocolate, pero engorda. Un niño quiere chocolate y, si lo tiene, se lo come y punto: no tiene los filtros tan complicados que tenemos los adultos y toman decisiones y expresan sus sentimientos de una forma que normalmente no nos permitimos en el mundo de los adultos.

Y aquí es donde yo até cabos: estos niños elegían claramente lo que querían o no querían de forma inmediata. “Me lo pido” o “no lo quiero” sin tapujos, sin dudarlo.

En Comunicart queremos mover emociones

Así tiene que ser el resultado del esfuerzo del marketing: debe ser capaz de hacer aflorar e nuestros clientes el entusiasmo y los sentimientos que tenían de niños para hacer que “quieran ” nuestros productos de una forma simple, inmediata y abierta.  Hemos de encontrar el “click” que hace que clientes potenciales inclinen la balanza hacia nuestros productos, lo que hace que su toma de sus decisiones arranque con un simple “lo quiero” infantil.

Así es como entendemos en Comunicart que sea el resultado de “hacer marketing”: queremos mover emociones y hacer sentir a nuestros clientes, con nuestras propuestas, una ilusión muy parecida a la que todos sentíamos cuando éramos niños.

Y tú, ¿sabes dónde escondes tu niño interior?